Es tarde

“Es tarde” se lee en mi alarma por tercera vez. Pero yo no puedo levantarme, mi cuerpo no responde al movimiento y mis ojos se niegan a abrirse esta vez.

Escucho a mi hermana que ya se despertó, quejándose,  y a mi madre apurándola, y diciéndole que no haga ruido para no despertarme.

“¡No!” Pienso, “¡Levántame, despiértame!”

Finalmente se van y las prisas que llevo cobran vida.

Salgo apurada, sin desayunar, a medio peinar y como siempre, con la mochila abierta.

“Que gran primer día” Pienso.

Me dirijo hacía el transporte público como una maniaca y por fin se detiene luego de hacerme correr casi dos cuadras, como castigo por ser impuntual, al menos eso es lo que creo.

Llego, bajo, siguiente transporte.

Subo como puedo, apretando más a la gente malhumorada que murmura contra el chofer por llevarnos más apretados que sardinas enlatadas (y a causa del bochorno, con el mismo olor), y entonces ya ni siquiera me disculpo al empujarlos a todos.

Arranca, avanza, se detiene.

¿Se detiene?

¡No! No, no, no… pienso ¡Ya es tarde! ¿Qué hace?

Entonces veo como se sube un chico (en realidad muy alto como para usar ese adjetivo), un joven, que apretujándose entre la gente logra pasar.

Nada en él me llamó la atención, ni siquiera cuando se situó junto a mí, sosteniéndose en la misma barra que yo, ni qué rozándome con el hombro me miró y sonrío.

No, no noté nada de eso porque estaba tratando de no mirarlo ni sonrojarme por su atención, ni porque estaba distraída pensando en lo horrible que debía de verse mi cabello y las ojeras tan marcadas que tendría. Además quería ser la primera en bajar del autobús para llegar casi a tiempo y solo casi sin aliento de tanto correr.

Llovía.

Saqué la moneda del pasaje, la más brillante, me pareció, tratando de concentrarme en ser la primera en bajar, con la esperanza de no tener que esperar detrás de una fila que me retrasaría.

En eso pasó frente a mí el joven retrasado (bueno, más retrasado que yo) y extendió un billete, de doble denominación que mi moneda, y pensé afligida en lo que tendría que esperar para que le dieran el cambio antes de poder bajar al fin.

Pero en cambio dijo “Pasaje de dos”, para mi sorpresa, ya que no había visto que subiera con alguien. Y me sonrió. No iba a preguntarle, solo quería que me dejaran pagar y bajar.

-Ya pagué el tuyo.

Me sacó de mi ensimismamiento (ya no era concentración, solo la idea de que la primera hora la tenía perdida).

-¿Qué?

-Baja –me abrió paso –ya pagué tu pasaje.

Comencé a seguirlo mientras bajaba.

¡Nunca un desconocido me había pagado el pasaje! O se había fijado en mí. Y alcancé a ver que era muy apuesto.

Todo me pareció extraño. Quise agradecerle pero lo perdí, ya no estaba conmigo ni en ningún lado. Parecía un sueño.

Un sueño.

“Es tarde”

Sonó mi alarma por cuarta vez.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s