Mis problemas como escritora.

Problemas de escritoras.

Sí, las escritoras tenemos problemas ¡y muchos! Pero esta vez hablaré de los problemas que giran en torno a lo que escribimos, puede sonar lógico o redundante según se vea y por eso vengo a hablar de ello (nota: siempre diré hablar aunque me refiera a escribir, y no, no es un error porque se trata de comunicación, en fin).

Lo que pasa es que hace un par de semanas publiqué un texto titulado “Tenía tantas ganas de que fueras tú…” y recibí un comentario de un alguien (no puedo decir señor o joven o niña o gato porque no quiero dar por hecho que lo es y que yo sé quién es, y espero que este paréntesis no se haga grosero tampoco porque no es como que lo diga de modo ofensivo). Bueno, retomando, esta persona comentó: “¿y si no fue él quién fue?”

Digamos que no lo hizo con mala intención, y yo solo contesté “No sé, aún no ha sido nadie” porque es cierto, si lo miramos desde esa perspectiva no hay nadie que en mi vida se esté describiendo como ese “tu” del texto.

Pero aquí esta lo que vengo a decir (ya aclarado que no me molestó el comentario y es una simple observación) que cuando un hombre escribe, yo lo he visto, yo lo he notado, nunca se le cuestiona porque escribió lo que escribió. Nadie pregunta si el perro de la historia es real o si a él también le gustan las manzanas como al protagonista del texto. Y sin embargo, cuando una mujer escribe, se da por hecho que escribe sobre alguna persona, motivación o cosa real, algo tangible y existente.

Entonces viene al caso que en mis textos sienta esa necesidad de poner al final una nota sobre “recuerden que esto es ficción” o “no tiene nada que ver conmigo” y es que a veces solo se me ocurren las cosas ¿es tan difícil de entender? Y no es el único caso donde me han preguntado “a quién me refiero” o incluso se ha dado por hecho a quién me refiero, como si tuviese que haber alguien para que forzosamente yo pudiera escribir dicho texto.

Y es que debo aclarar este asunto porque no solo me pasa a mi, les pasa a casi todas las escritoras, sobretodo cuando no son escritoras reconocidas, como yo, ¿acaso esta mal que me llame a mi misma escritora? Pues vaya que no, escribo, soy mujer, escritora, fin.

Y quiero dejar de sentir esa necesidad de poner al final dichas anotaciones sobre lo falso que es todo lo que escribo porque decir que es falso le quita su mérito personal, ¡claro que es real! Claro que lo es porque estaba en mi mente y lo creé y le di forma. El hecho de estar ahí escrito lo hace real. Pero el hecho de que sea real no significa que me haya pasado.

Incluso es por eso que coloqué la sección de Textos en un aparte, para compartir lo que escribo sin que sea dado por hecho que es personal, podría hablar del paisaje y en realidad no haberlo visto o de una fruta que no estoy comiendo ahora. Me vi obligada a separarlo para que luego tuviera que re-obligarme a aclararlo, y esta es la última vez que lo haré.

Sobretodo lo aclaro aquí para que en un futuro no me juzguen si escribo algo que pueda herir los sentimientos de personas sensibles.

Me recuerda mucho la situación de este libro llamado “Carol” o “El precio de la sal” que narra un romance lésbico en una época tabú (hay película, les recomiendo libro y película). Y es que la escritora Patricia Highsmith utilizó un pseudónimo para que los que la leyeran no pensaran que ella era lesbiana, porque no lo era.

En el momento en que me enteré de esto pensé “que dramática, es obvio que nadie pensaría así” pero ahora me doy cuenta de lo que sintió y de lo que tuvo que hacer para que no se relacionara lo que escribía como mujer con una experiencia que evidentemente tenía que ser real porque las mujeres escritoras no tenemos imaginación ni creatividad y solo podemos escribir lo que hemos vivido.

Y es destacable el hecho de que si eres escritor tengas que aclarar si tal o cual cosa que escribiste se inspiró en tu vida real porque nadie lo daba por hecho, todos suponían que te lo habías sacado de la manga. Un claro ejemplo, los prólogos de Gabriel García Márquez en los que él decía casi siempre de donde le venía la inspiración.

Quise hacer esta entrada-aclaración porque muchos de los textos recientes y algunos que ya están listos para subirse tratan sobre cosas que no siento, que no creo, que no me han pasado, que no quiero vivir, que ni siquiera me importan en algunos casos, y al verlos, puede que crean que soy yo pero en realidad lo mas probable es que no lo sea. Un ejemplo es el de “Un sentimiento compartido… vía email.” El cuál narra desde un punto de vista de mujer un enamoramiento cibernético entre dos mujeres, y muchos podrían asumir o haber asumido que era yo, que era real y que me había pasado, y aquí vuelvo con lo de las aclaraciones, me cansa quitarle ese sentido de realidad solo por tener que decir que no soy yo.

Por otra parte recuerden siempre que la inspiración viene de todos lados y que no debemos pre-juzgar.

Espero que se haya entendido el punto de todo esto pero lo resumiré por cualquier confusión:

NO TODO LO QUE ESCRIBO LO HAGO PORQUE ME HAYA PASADO O SEA LO QUE ESTOY SINTIENDO O QUIERA QUE ME PASE.

Puedo hablar de hermanas mayores, de una iguana como mascota, de una fiesta que acaba en sexo de motel o de la escasez de agua del desierto, sin haberlo vivido de primera mano.

Que así como escribimos sobre dragones y sirenas sin tener pruebas de su existencia podamos libremente escribir de la vida que no tenemos ni tuvimos ni quisiéramos vivir.

Nada más que comentar de este lado pero, de tu lado de la pantalla ¿qué opinas? Nos leemos.

Miaus para todos.

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