Extiende tus inútiles lamentos.

Ya no puedo sentir, ni llorar, pues cuando lo intento, mis ojos se agrietan.
Me he quedado vacía hace tanto tiempo, que cada nuevo error me parece un vil milagro.
He llegado al punto de agradecer lo  muerto y renegar de la vida que me tocó vivir;
¡no!, no que me tocó vivir, si no que estoy viviendo. La he creado yo, debo admitirlo.

Muerte, muerte sonido cercano. No llega, me deshago en sollozos inútiles y estériles.
¿Problemas? Un ser insensible nunca tiene problemas, pero al intento de pasar por un ser normal, loca, los crea.

Me hundo, en un tipo nuevo de hundimiento, una nueva racha de caídas leves que colapsan silenciosas.

Caigo, al abismo, al infinito, a la vida.

¿Me duele? Pero ¿qué es el dolor si no un método de volver a la realidad?
¿Me hiere? Pero ¿qué herida no sana por si sola o con supuestos elixires milagrosos?
¿Me quema? Pero ¿qué fuego no se disfruta después de tanto tiempo de frialdad?

Me lleva lejos, lejos, lejos de lo que soy…
Me quiere muerta, muerta; a muerte y resignación…

Intento sonar bien, sonar bella, proclamar poesía viva, no hiedras muertas.
Mi métrica me falla, mi voz se quiebra, mis miedos nacen, mi espada hiela.

Pido piedad ¡oh, piedad! del que me ha traído a la vida,
que egoísta decidió que yo valía,
que egoísta decidió que no quería, que yo no querría,
que egoísta me miró por encima del hombro volviéndome frágil humana,
bajándome de mis amadas estrellas.

Una excusa más me dices, una excusa más me cuentas.
Pero no importa si duele o pena,
si ya no importa que quiera,
si ya no importa que estés o huyas,
si ya no importa, alma, que me abandones a mi suerte.

¿Me entiendes, querido, me entiendes?
Querido vicio que a mi alma vuelcas,
que a mi alma bebes en tragos amargos de soledad.

¿Me entiendes, olvido, me entiendes?
Olvido de sentimientos fugaces,
de emociones nacientes
y de dolores expertos.

Ay, me quemo, con las excusas que yo misma me digo.
Ay, mis ojos, grises muertos sin color, grises de polvo, de dolor,
grises, grises, grises…

Quisiera decirte sí, sí yo vivo, sí, yo vivo,
pero no he de mentir mi condición de fantasma del mundo,
de niebla de las montañas que solo baja a su perdición.

No, nunca he vivido, víctima de mis pasiones me he vuelto una sombra y un pesar.
No, nunca he querido, víctima de mentiras piadosas que le digo a mi pobre corazón.

Y desaparezco, desaparezco, desaparezco…

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